Contamíname dijo Blancanieves

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Érase una vez una chica llamada Blancanieves, su piel era blanca como la nieve y de vez en cuando algún esquiador se había deslizado por ella. En esas pistas no se necesitaba ni forfait, ni se hacían colas, pero podían congelarte con el frío que desprendían. Nadie había logrado llegar a la cima de la montaña de hielo donde se escondía su corazón que latía por obligación y no por alguien.

Tropezó una vez más al cruzar la calle. No era culpa de sus tacones, era culpa de ese vestido azul que generaba electricidad estática y se le pegaba a las piernas desnudas. Otra vez la habían timado en las rebajas de trajes contra el ébola, pensó.

La gente se la miraba al pasar, ella intentaba sonreír creyendo que la miraban con buenos ojos, pero aunque en su cara mostrara unos labios rojos los suyos se escondían bajo esa mascarilla tuneada.
Hacía años que una bruja la había hechizado, la había convertido en un ser frágil en medio de un mundo lleno de peligros y gérmenes.
Iba nuestra princesita haciendo footing por la calle cuando una tierna ancianita colocó el carrito de la compra estratégicamente para hacerla caer.
“Ay cielo santo, perdona chiquilla, veo menos que un gato de escayola y no te he visto venir… Toma un poquito de zumito de manzana anda, que te vas a deshidratar con tanto corre corre que te pillo.”
Nuestra Blancanieves aceptó encantada (ya se sabe que las princesas de cuento viven en un mundo de piruletas y no las ven venir… Si es que no se puede ser amable ni con la gente de la tercera edad)
Pensaba que ese zumo la revitalizaría, pero fue todo lo contrario, notó como sus piernas empezaron a flaquear, como le costaba respirar, como el rojo de sus mejillas desparecía para dejar que el blanco de su piel se apoderara de su rostro.
Y la tierna ancianita sonrió mostrando su dentadura postiza y señalando con un dedo largo y tembloroso sentenció:

“En todas las esquinas hallaras la desgracia, en cada inhalación un catarro, en cada carcajada una tos de perro, en cada contacto con tu piel un herpes, en cada contacto con tu boca… mejor no te lo cuento. Todo será veneno para ti, fácilmente caerás contaminada.”

Y encima la tía no acabó la frase con “un príncipe azul te despertará del catarro crónico ” se ve que se habían extinguido y las princesas modernas ya no tenían salvación. Maldita sea.
Blancanieves rompió a llorar, ¿pero que mierda de maldición era esa?

“Pero no llores mujer, no tengo nada en contra de ti, soy una bruja, tengo que lanzar maldiciones o quieres que todas las demás se rían de mi?”
Las dos se abrazaron mientras lloraban, el hechizo ya estaba enviado (como un mail) y ya no había vuelta atrás…
“Solo te he lanzado una bajada de defensas crónica, me retiraron el carnet de bruja hace unos meses y ahora lo he vuelto a recuperar y solo puedo lanzar hechizos de nivel principiantes… Aunque es bastante putadita esto de las defensas, por que negarlo… En mis buenos tiempos envenenaba a la víctima con unas manzanas rojas y brillantes, ahora en casa solo tengo zumos, con la dentadura postiza es imposible morder manzanas a parte que con la crisis y mi pensión de jubilada me sale más a cuenta envenenar zumos.”
La otra volvió a sollozar y la bruja volvió a unirse al lloro abrazada a su víctima.
Ante tal maldición (y sin la promesa del beso curativo) Blancanieves optó por huir de todo lo que la podía dañar.
Así que tuvo que dejar de comer alimentos crudos (alta fuente en conservación de gérmenes) todo tenía que estar cocinado, al llegar el frío se colocaba la mascarilla como quien se coloca la bufanda (la gente tiene una educación exquisita a la hora de toserte o estornudarte en toda la cara), todo estaba lleno de suciedad, así que siempre llevaba guantes de látex para poder tocar sin problemas y luego tirarlos en un contenedor lejos de su casa. No iba a baños públicos (¿estamos locos o que?) y se enjuagaba la boca 10 veces al día con agua y bicarbonato.

Volviendo al paseo de Blananieves por la calle estrenando su nuevo vestido contra el ébola:
Una caquita de perro se cruzó en su camino, al quererla trampear volvió a tropezar y esta vez se dio una leche importante. Quedó extendida en medio de la calle con las patas hacia arriba cual cucaracha.
Mierda, sus piernas blancas y delicadas estaban rozando toda la porquería de la calle. Por suerte esa caquita de perro estaba a su lado intacta. Menos mal…
-Te has hecho daño?-preguntó un gentil caballero.
Imagen: ella con bata azul, mascarilla, guantes de látex y zapatos de tacón (que no falten).
-No me toques!!!
-¿Pero que te pasa? ¿Eres una amish o que?
-Oye tu, un poco de respeto hacia la realeza, soy Blancanieves.
-Encantado, yo Barronegro.
-¡Oye no te rías de mi nombre!

Él le contó que era frutero, ella, sus desgracias, el zumo de manzana envenenado y la bruja que la había hechizado con la que ahora iba al Bingo una vez por semana.
“¿No hay forma de romper la maldición?” preguntó el caballero frutero anónimo. La verdad es que ni la bruja estaba segura de ello, la memoria le fallaba y no se acordaba de este dato tan importante.

-¿Y si comes una manzana de verdad? De estas rojas que dicen cómeme. Tengo unas en oferta que…

De perdidos al río. Estaba harta de ir disfrazada todo el día, ¡por fin iba a comer algo crudo y prohibido! Él le retiró la mascarilla, al rozarla notó como el color de sus mejillas aparecía de nuevo después de tantos años. Le ofreció la manzana, la mordió y cayó desmayada entre los brazos del gentil frutero. ¿Qué debía de hacer? ¿Besarla? Se acercó lentamente a su boca y de repente ella abrió los ojos y dijo:

“Contamíname, envenéname tocándome y besándome. Luego si eso ya me acompañaras a comprar antibióticos, o mejor aun: ¡VACÚNATE!” le agarró la cara y se fundieron en un largo beso contaminado que la hizo volver a la vida.

“Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire
ven, pero sí con tus ojos y con tus bailes
ven, pero no con la rabia y los malos sueños
ven, pero sí con los labios que anuncian besos.
Contamíname, mézclate conmigo,
que bajo mi rama tendrás abrigo.” (Pedro Guerra)

 

Y es que es difícil encontrar el punto medio entre la protección y el descuido, aunque dicen que si haces lo que tu interior te manda nunca te equivocarás.

 

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7 comentarios en “Contamíname dijo Blancanieves

  1. Todos los platos suenan a manjar divino , falta probarlos …!
    Para tu próximo evento geográfico-gastronómico sorprendelas con un “merou seychellois” y vestida de criolla , pregunta a tu madre Tanit que ella de eso sabe mucho !

    Le gusta a 1 persona

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