Catando las Américas

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Lo sé, desde que he cruzado el charco no había escrito ná de ná y no será porque no me han pasado cosas!

Tengo pendiente contaros en un post el roadtrip que hice antes de instalarme en San Diego, bueno, quizás con un solo post no tengo suficiente… También quiero hacer lista de objetivos en tierra prometida: conseguiré por fin casarme en Las Vegas? A este paso ya me veo haciendo post para solicitar desconocidos que se ofrezcan como voluntarios… Acabaré escribiendo un libro de ¿Cómo cocinar fácil y rápido comidas pa chuparse lo dedo con el microondas? Qué verborrea la mía… Bueno, cada cosa a su tiempo, hoy toca hablar de mi ya conocido “dulce hogar”:

Como algunos ya sabréis, esas criaturas maravillosas que me soportáis no solamente a través del blog sino también a través de los videos de Facebook e Instagram, he tenido algunos “problemillas” con la equipación de la cocina de mi apartamento (decir apartamento es exagerar de una manera muy escandalosa) de San Diego. Estoy tan asqueada con la comida de aquí y con tener que cocinarlo todo en el microondas que creo que se me nota en la cara, por eso unos americanos muy amables y comprometidos con los extranjeros que añoramos comer en nuestra tierra, o simplemente comer, se ofrecieron a acompañarme al supermarket. (Que se note que estoy practicando el inglé.)

En uno de los videos dije que contaría qué tal la experiencia de quedar en grupo para ir a comprar comida sana, así que allá va mi crónica de “En busca de comida para el Crohn”:

El lugar escogido para la gran excursión fue JIMBO´S… Naturally! NATURAL FOODS GROCER. (Tengo que aclarar que aunque la comida sana es lo más recomendable para todas las personas y más aun si sufres algún tipo de patología relacionada con el sistema digestivo, lo natural no suele sentarme siempre del todo bien… Si, soy rara incluso para esto, y a veces prefiero comer cosas menos saludables pero que se que no me harán daño aunque tampoco me hace mucha gracia meterme en el cuerpo una carretada de aditivos, conservantes y vete tú a saber que más…) Lo primero que hicimos fue elegir un coco y pedir que nos lo abrieran para ir tomándolo durante nuestra visita guiada por los pasillos de la inmensa tienda de comestibles. Quizás sonará extravagante y exótico pero ir recorriendo todo el supermarket con un coco abierto en la mano no es lo más ideal, es cierto que no corres el peligro de deshidratarte, pero si el peligro de pringarte y de acabar con el brazo tonto como suele ser siempre mi caso.

¿Por qué soy tan “blandengue”? Me doy lástima a mi misma cargando las bolsas de la compra y el puto coco por en medio de la ciudad. Si, creo que me he jodido un poco más las cervicales pero ya he localizado a un masajista cerca de mi confortable hogar…

Al llegar a casa me di cuenta de que no tenia congelador, solo nevera, y que había comprado congelados. Bien por mi. Las marranadas que he llegado a hacer encima de mi encimera (mi encimera son mis dos maletas vacías) os las voy a ahorrar porque con una que tenga semi-nauseas ya es más que suficiente.

Los platos (digo platos porque en realidad tengo más de uno, dos para ser exactos) los tengo que lavar en el lavamanos del baño. Después de bañar a los platos decidí bañarme a mi misma, luego caí en la cuenta que nos podíamos haber bañado todos juntos, los platos y yo. Pero esa ducha tampoco da para tanto movimiento… y lo de hacer dos cosas a la vez no es lo mío.

Salía toda limpia y purificada de mi baño spa (o ducha con un chorro demasiado potente para mi gusto) cuando llamaron a la puerta. Servicio de limpieza, le va bien que le hagamos la habitación? Dije que si, se ve que no limpian muy a menudo y no quería desaprovechar esa gran oportunidad así que me fui a dar una vuelta por el pasillo en zapatillas y toalla enrollada en la cabeza. Ha salido usted de la ducha? No que va, es que me estoy preparando para un casting de Carmen Miranda.

La señora de la limpieza me vino a buscar al terminar de limpiar la graaaaaan estancia para preguntarme como lo hacía para dormir con esas cutre-persianas estropeadas. Mire, así me ahorro poner el despertador cada mañana porque cuando sale el sol él solito ya me despierta a través de la ventana. Lo que llevo peor son las siestas, a esa hora la cama arde de tal manera que tengo que estarme sentada en la silla del estudio sin moverme para no achicharrarme. Me siento como una niña que está castigada de cara a la pared, pero de todo se aprende en esta vida, de los traumas también… Y os preguntaréis: Y para que leches no te vas a otro rincón de tu maravilloso apartamento? Porque es un solo espacio, un espacio íntimoy acogedor: recibidor-cocina-baño-salón-comedor-dormitorio.

Al día siguiente, cuando me disponía a echarme la siesta pegada al lateral de la cama donde no tocaba el sol volvieron a llamar a la puerta. El señor que venía a arreglarme la persiana! Qué chica más afortunada…

Bueno, os dejo que vuelven a llamar a la puerta, quién será? El del gas lo dudo mucho…

PD: Estoy escribiendo muuuuuucho y creo que en algunos meses tendré algo entre manos que os puede gustar y os puede hacer réir QUE BUENA FALTA NOS HACE!!!

Os quiere,

la que vive en el recibidor-cocina-baño-salón-comedor-dormitorio.

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Locos, bajitos y valientes

 

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Hace poco compartí en Facebook una noticia que hablaba sobre “la nave espacial” del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Los niños del hospital ya no se hacen resonancias, ahora hacen viajes espaciales, mientras los profesionales trabajan para diagnosticar y curar a esos pequeños astronautas.
Yo también estuve y estoy muchas veces dentro de máquinas parecidas. Nunca han sido una nave espacial aunque siempre he viajado con la mente estando ahí dentro.
Cuando leí la noticia se me inundaron los ojos, es algo que me pasa siempre que se habla de niños y hospitales, supongo que todos pensaréis que es la mayor aberración del mundo que los niños tengan enfermedades y tengan que sufrir siendo tan pequeños. Ojalá no tuvieran que existir los hospitales infantiles, pero es algo que no podemos elegir, pero si que podemos conseguir que sean lo más “mágicos” posibles, porque ser un niño es sinónimo de ser un soñador, un aventurero, alguien que aun no debería conocer las mierdas de este mundo, solo debería disfrutar de sus maravillas.
Por este creencia mía, y porque un día yo fui una de esas niñas enfermitas y asustadas, quise formar parte del Consejo de Jóvenes del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.
Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, y me encantaría formar parte de él para siempre, pero una cada día es menos “joven” y tampoco tengo derecho a ser la eterna presidenta de este consejo habiendo los miembros que hay que valen oro y son unas de las personas que más admiro.
El consejo de jóvenes está formado por 14 miembros que son o fueron pacientes de este hospital.
Nuestra función es ser la voz del paciente, del joven a quién muchas veces no se le presta la suficiente atención ya que quienes suelen mandar son los padres y los médicos…
Pero hay que recalcar que no seríamos lo que somos sin nuestra Marisa y nuestra Sefa.
Me acuerdo que en una entrevista con Manel Fuentes en Catalunya Radio me preguntó como debía de ser un hospital infantil: “como un Eurodisney con sueros”, contesté. Y me quedé más ancha que larga.
En ese momento esa declaración era una total ida de olla, pero si alguno ha estado recientemente en el hospital sabrá que actualmente eso es una realidad.
Las enfermeras van con uniformes de colores y dibujitos (mil millones de besos a todas las enfermeritas de Sant Joan de Déu que se que me seguís, vosotras sois parte importantísima de la magia que allí se crea), hay un tobogán en medio del hall, hay caminitos de colores que te acompañan hasta los distintos puntos del recinto, las ruedas de los palos de suero son de distintos colores y formas , tienen un “kit” anti dolor, ya que es importante que el DOLOR desaparezca de las vidas y del vocabulario de los niños. Hay diplomas para valientes, burbujas de jabón que te hacen apartar la vista de las agujas…
Y el nuevo reto se centra en el hospital de día. El que yo recuerdo era cutre, pero cutre, cutre. Ahora será un bosque encantado, las columnas serán árboles y todos podemos ayudar en su construcción entrando en: http://www.petitsvalents.org/col·labora/

La semana pasada llegó esta carta del gerente del hospital a todas las casas de los chicos del consejo:

“Queridos miembros del consejo,
Os escribo para comunicaros una noticia importante. Desde la semana pasada la UCI de nuestro hospital tiene las puertas abiertas a los padres las 24 horas del día.
Esta fue la primera reivindicación que que me hicisteis como gerente y me hace muchísima ilusión poderos decir que ya es una realidad.
Os agradezco que no hayáis desfallecido en vuestra insistencia. A pesar de que ha tardado bastante tiempo, más del que me hubiera gustado, por fin se ha conseguido.
Felicitémonos!!! Y sigamos trabajando.

Un abrazo,
Manel del Castillo.
Director gerente

Los padres podrán estar con sus hijos. Nuestro principal deseo hecho realidad. Porque los besos de las madres curan más que cualquier antibiótico y los abrazos de los padres te impiden escuchar el ruido de las maquinas de la UCI.
El consejo tendremos la oportunidad de ver estas nuevas instalaciones en breves.
Emocionados y orgullosos es como nos sentimos. Nuestras pequeñas aportaciones son escuchadas y ejecutadas. No podemos pedir más. ¿O tal vez si?

Pero no somos nosotros los únicos que proponemos, también ha venido gente a proponernos cosas al consejo. Por ejemplo escribir un libro. Un libro que se publicó hace un par de años, que sus beneficios van destinados al hospital y que escribimos todos juntos con Víctor Panicello, el escritor que nos ofreció esta oportunidad. Se llama” 250 quilómetres”, y el protagonista, Quim, padece la enfermedad de Crohn.
Bautizamos con este nombre a nuestro chico por otro Quim que fue miembro del Consejo, y que por putadas de la vida hoy ya no está presente pero siempre lo estará en nuestro pensamiento y en este libro.

Este miércoles día 8 a las 19h quien quiera puede acercarse al hospital donde Víctor Panicello y los miembros del consejo hablaremos sobre el libro. Si, mi mascarilla también estará con nosotros.

Y espero poderos contar muy pronto el nuevo proyecto que tenemos entre manos Víctor y yo. Y hasta aquí puedo escribir.

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CaraPato

 

 

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No, no soy un pato, ni la nueva novia del Pato Donald.
No, no muerdo y esto que llevo puesto no es un bozal.
Tampoco me han amordazado para que me calle.

Y no, yo no tengo nada contagioso, PERO VOSOTROS SI.

Pensaréis que me he vuelto alérgica a la estupidez humana y que intento aislarme de eso, pero por desgracia hace años que me contagiaron y contra eso no hay grandes curas. Esta mascarilla, que está inspirada  en la máscara que lucía Hannibal Lecter en el Silencio de los corderos, es para protegerme de vuestros gérmenes y virus que desprendéis por todos los poros de vuestro cuerpo aunque no seáis conscientes de ello (pero si alguien es consciente que haga el favor de quedárselos para él, no es necesario compartir tanto en esta vida.)

Uno de mis señores médicos (digo uno de ellos porque no soy ni mujer de un solo hombre, ni mujer de un solo médico) me “cantó” una nueva lista de cosas relacionadas con lo que NO podía hacer debido a mis bajas defensas que no les da la gana subir, y cada vez que me hacen un análisis y veo los resultados me imagino al médico con un boli rojo tachando la hoja y escribiendo en mayúsculas: SUSPENDIDA.

No me acuerdo del tipo de defensas que son, pero tienen hasta nombre y apellido, pero se ve que lo mínimo a lo que alguien normal puede estar es a 200. Yo estoy a 16. Es triste, muy triste. Y un poco patético también, lo sé.

“Tanit, no puedes estar en sitios cerrados donde hayan muchas personas como por ejemplo el cine, discotecas o conciertos. Si quieres ir tendrá que ser con mascarilla.”
O sea, tu tía va a ir a esos sitios con mascarilla. Soy atrevida para muchas cosas pero para eso ya no. Aun me queda algo de dignidad y quiero conservarla. Quizás crearía tendencia, pero es una duda que nunca resolveré.
Por vuestra culpa, que sois un nido de gérmenes por si os habías olvidado, llevo 6 meses sin ir al cine. No es que fuera cada finde al cine, pero es lo de siempre, te dicen que no puedes hacer algo y ahora de repente todas las pelis de la cartelera me llaman a gritos.
Tema dicoteca. Vale, muchos pensaréis que me he saltado la norma de mala manera, pero a ver, lo bueno era que estábamos en verano, y discoteca al aire libre se puede. ¿No?

Mi amiga la mascarilla hace todo  lo posible por caerme mal. Me aplasta la nariz, se clavan las gomas en lo más profundo de mi cerebro, y ya no os cuento cuando algún germen de los vuestros ha llegado a mi y me he resfriado. Moquitos y mascarilla es “super diver”. ¿Por que? ¿Habéis pensado cómo puedes sonarte? Pues eso, que no se puede.
Y ahora por lo menos ya no llevo la peluquita, porque peluquita más mascarilla era un show, se me enganchaban las gomas al pelo sintético y era un drama.

En la lista de prohibiciones (hasta el moño estoy de estas listas, que las compenso con otras listas sobre cosas que haré cuando termine la dictadura) también hay una dieta que no me permite comer nada crudo ni poco hecho. Hay alto riesgo de gérmenes en estos alimentos. Están en todas partes, esto es una invasión. Me estoy volviendo paranoica, solo me falta limpiar con un trapo y desinfectante los asientos de los restaurantes, llevarme cubiertos de plástico y esperar que la gente me abra la puerta para no tocar los pomos. ¡¡¡GÉRMENES, GÉRMENES!!!

Tiemblo cuando alguien tose a mi lado, o cuando me tocan sin lavarse las manos.
Ahora ya me doy besos, pero hubo unos días que daba la mano para que me besaran en ella. Si, soy un poco peliculera también.

Cuando me veo en situación de peligro me imagino a mis 16 defensas con un escudo y una espada esperando matar a los bichos que me quieren atacar. Son unas campeonas.

Ahora mismo soy como un bebé, después del trasplante de células madre el cuerpo hace un “reset” y borra todo el historial de vacunas que tantos pinchazos me había costado y tantas piruletas me había hecho ganar. Ahora mismo no estoy vacunada de nada, por lo tanto puedo”pillar” de todo.
“-¿Ayer por la noche pillaste? -Si, un catarro es lo que pillé.”

Y se acerca el frío y con él más virus y mierdas. Y aunque mis 16 defensas lucharan por mi hasta el final no tienen las de ganar, así que UNO de mis médicos me ha informado de que TODAS las personas que quieran tener contacto conmigo regularmente durante la temporada otoño-invierno deberán vacunarse contra la gripe. Con las personas que tomo café, con las que me abrazo, con las que nos besamos (sean mejillas o besos con o sin lengua)…

Algunas de mis amigas les ha hecho cero gracia esta noticia, una me dijo que el “liquidito” pica mucho pero que si vamos juntas se vacuna. Luego tuvo la genial idea de proponer que después del suplicio quería que la lleváramos a desayunar: -No es un análisis… Puedes ir desayunada. -Vale, pero podemos volver a desayunar ¿no?

Pues eso, que si me queréis vacunarse, como diría una folclórica muy conocida y con mucho arte.

 

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El mismo destello

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Me miro, me miro mucho.
Me acerco al espejo hasta rozar el cristal.
Soy miope y no quiero perderme detalle de lo que el señor espejo refleja.
Una chica desconocida, que cuando habla tiene la misma voz que yo, que cuando sonríe lo hace igual que yo.
Cuanto cuesta reconocerse.
Pero me cae bien esta chica nueva.
Antes de dormir me da las buenas noches y desaparece, pero al día siguiente vuelve a salir.
Sal y se pone, sal y se pone. ¿Como el sol?

Yo creo que el sol está enamorado de si mismo, se llama Lorenzo pero no me extrañaría que alguien le apodara Narciso.
Ya sabéis que Narciso estaba prendado de si mismo (como Cristiano Ronaldo) y necesitaba ver su rostro reflejado en la superficie del agua, hasta que un día se acercó tanto que cayó al agua y se ahogó.
Y eso es lo que le sucede al sol cada vez que se ve reflejado en el agua del mar. Se enamora de sus destellos, de su fuego, de su hermosura y baja lentamente para rozar esa magia que hace brillar el agua salada hasta que el océano se lo traga.

Podríamos catalogar las entradas de este blog como se hace con los conciertos, entre acústicas y eléctricas. Me explico, acústico hay quien lo define como tranquilo, o soso, o coñazo. ERROR. Dejémoslo en que es algo más intimo, lento, cálido…
Con el concepto eléctrico lo tendremos más fácil. Se entiende como algo cañero, algo que te hace vibrar, que te sacude.
Hoy toca una entrada acústica. Hoy se actúa a pelo, voz y guitarra, poca potencia pero mucha intensidad de palabra.
¿ Y por que todo el rollo de comparaciones con conciertos? Porque hoy tocamos música. Puestas de sol y música.

No, no se me ha ido la pinza del todo, ahora os encajará todo.
Unos músicos tuvieron el detalle de invitar a sus seguidores a un concierto en Vilanova i la Geltrú el 31 de agosto para despedir el último sol del verano. Para algunos el último y para otros el primero y último, ya que este verano Lorenzo ha brillado por su ausencia….
Una propuesta así de romántica solo se les podía ocurrir a ellos, a Marc, Axel y Jes, también conocidos como Sidonie.
Mi primer bolo de “Sierra y Canadá” a la vera del mar…
Un reencuentro con ellos, después del último benéfico de Crohn-ik en Luz de Gas, dónde por segunda vez participaron para ayudar a los enfermos de Crohn. “Y ojalá podamos ayudar siempre”.
Después de ese concierto le mandé un whatsapp a Marc diciéndole que les quería pero que nunca lo admitiría ya que me cuesta horrores decir esas palabras. “Tanit, entre nosotros nos lo podemos decir…”
Y así es como se hacen y como funcionan las cosas, y como cobran sentido, con cariño (me niego a decir amor, tengo el azúcar perfecto, y por una cosa que tengo bien no la vamos a estropear)
Por muchas mierdas que hayan en este mundo siempre conseguirán llamar más mi atención los gestos de generosidad, el rasgueo de guitarras a favor de la vida y de la lucha. La música puede ser mágica cuando quién la crea lo es.

También hubo un delicioso reencuentro con una “uruguaya”, personas que la vida te las coloca en medio de conciertos y pasan a ser piezas fundamentales. Se la echaba de menos.

Bueno, y el final de la historia ya la sabéis ¿no? Sucedió lo que sucede en todas las puestas de sol costaneras.
El mar se tragó lentamente ese sol de verano. Y con él todas las preocupaciones de ese día, el sol las quemó dentro del mar, de aquí el color rojo que ilumina el cielo justo antes de quedarnos bajo la guardia y protección de esa musa llamada luna.
A mi, por suerte, aun no se me ha tragado el espejo. Tiempo al tiempo.

 

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