Segunda oportunidad

Sé que no todo el mundo puede tener una segunda oportunidad, aunque yo quizás ya voy por la sexta y espero no llegar a la séptima (los gatos no siempre podemos caer de pie)
Volví a nacer el 16 de abril del 2014 en una habitación de la planta de hematología del Hospital Clinic de Barcelona.
Pesé 47 kg, medí 1,70 y no derramé ni media lágrima, es posible que en otra vida anterior hubiera gastado demasiadas y ahora me tocaba dosificarlas.
Aprendí a caminar por un largo pasillo lleno de ventanales que me dejaban ver la luz del día y me recordaban que allí fuera algo me esperaba.
Volver a empezar, otra vez…
Antes de que me dieran el alta me recordaron una serie de normas que debía cumplir estrictamente si quería sobrevivir fuera de los muros del hospital. “Nada de Sol, nada de comidas crudas, nada de sitios muy frecuentados y tomate todas estas pastillas y no te olvides de la mascarilla”.
Debía de pagar un precio muy bajo para todo lo que había ocurrido, así que no me quejé e intente ir despacito, intenté volver a descubrir el mundo desde los ojos de un recién nacido un poco especial…
Pero pronto me invadió la necesidad de vivir el doble, me agobiaba el hecho de no estar disfrutando esta nueva oportunidad, quería abarcarlo todo, probarlo todo, hacerlo todo.
Y todo esto suele ir seguido de la decepción por no cumplir tus expectativas, tu plan loco y acelerado por saborear cada rincón de este maldito mundo que ha querido darte el beneficio de la duda no expulsándote a la mínima que has mostrado debilidad como cualquier otro ser humano.
Finalmente llegas a una conclusión: ¿Qué más me puedo pedir? Has sobrevivido a lo imposible, con esto todo basta, cada segundo entre vosotros es el regalo que necesito.
¿Y a que me he dedicado durante este nuevo aprendizaje?
A medirme el pelo (y lo sigo haciendo) con una regla como los hombres hacen con su …….. aunque siempre niegan que lo hacen. Pero lo hacen.
A empezar a tomar suaves baños de sol y darles de nuevo la bienvenida a mis pequitas de panecillo integral que tanto tiempo habían detenido la invasión de mi rostro blanco.
A celebrar toda buena noticia que se me da y a odiar con toda mi alma todo lo malo e injusto que se presenta delante de nosotros.
La segunda vez que cumpliré un año. Pelo igual de corto, sonrisa igual de amplia, pero un agradecimiento tan grande dentro de mi que jamás podrá desaparecer.
Un deseo. Y que sigan pasando los años y nos acaricien en vez de abofetearnos.