Y se acordó de abrir los ojos

IMG_0768.JPG

¿Como era posible que hubiera acabado así? ¿Habíamos subestimado a la bruja del Crohn?

Todos vimos como la princesa cayó fulminada cuando le pinchó el dedo el chico de la ambulancia. Hacía rato que decía que estaba mareada, normal con esos bailoteos que se estaba marcando en ese concierto, la acompañamos a la ambulancia que se encargaba de las grupies desmayadas, porque las hadas madrinas somos así siempre estamos a su lado, y le miraron el azúcar. Esa fue la última vez que la vimos con los ojos abiertos.
Las enfermeras la llamaban la Bella Durmiente, toda su larga melena estaba recogida en una coleta despeinada, no quería ni imaginarme lo que costaría cepillar esos nudos, se pondría histérica cuando se despertara, porque si, porque estaba segura de que iba a despertar.
Nadie nos podía ver, las hadas somos así de tímidas, pero estábamos todo el día en esa habitación cuidando de ella. Cuando alguna máquina pitaba nos asustábamos y empezábamos a volar sin control dándonos cabezazos con el techo y chocando las unas contra las otras. Entraba el personal sanitario y escuchábamos atentamente desde encima del armario que decían de nuestra Bella Durmiente.
Todo era culpa de la bruja del Crohn, llevaba maldiciendo a nuestra princesita desde hacía años pero nunca le había hecho tanto daño como ahora.
Un tubo le entraba por la boca, era para que respirara asistidamente, oíamos que decían los médicos. Tenía una grave infección en la tripa, y esa infección había pasado a la sangre. Lo veían mal, fatal, pero nosotras no perdíamos la fe en ella y trabajábamos cada día para curarla. También le cantábamos canciones, le encanta la música, le colgamos posters de sus artistas favoritos y yo noté como sonreía.
Pero era desesperante verla así, ¿en que estará soñando? ¿O tendrá pesadillas? Ay pobrecita mía, ¡despiértate ya dormilona!
Llegó ese día, el día en que abrió los ojos, aunque llevara semanas sin hacer ese gesto parecía ser que no se había olvidado de como se hacía.
Sus ojos eran de colocada, a saber lo que le estaban metiendo por las venas. Con su mano llena de vías y sueros intentó quitarse el tubo de la boca y todas las hadas corrimos a pellizcarle la mano, ¡ni se te ocurra! Nos pusimos nerviosas y volvimos a chocar las unas contra las otras y empezaron a saltar destellos dorados. ¡Nuestra Bella Durmiente había despertado! El don que le habíamos regalado el día en que nació había cumplido su misión, ¿que cual es? La supervivencia. ¿No lo veis?

Creo en las hadas, ya que creer en algo es darle vida, creo en la magia y en la suerte, en saber abrir los ojos y seguir soñando. Creo en todo lo que ha hecho que hoy pueda estar escribiendo estas palabras. Y todo lo que soñé, pesadillas incluidas, siguen presentes en mi memoria, las que serán contadas ¿y publicadas? las hadas me han dicho que si.

Gracias “hadas”, gracias.

Anuncios