De luto en las bodas

 

 

 

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Rosas, rojos, verdes, azules, amarillos (que atraen a los mosquitos aunque yo los atraigo llevando hasta un traje de neopreno)… Todos estos colores son ideales para lucir en una boda.

Las bodas son sinónimo de alegría, de celebración del amor, de que por fin ha triunfado el amor (y de que por fin tu mano lleva los anillos que se merece, oro y brillantes. Destierro a la bisutería barata).

Pero mi reputación de Cruella de Vil no me permite vestir esos colores alegres, yo a las bodas tengo la obligación de ir de negro. En esta última celebración me puse un corsé que no me dejaba ni respirar (ser fiel a uno mismo puede hacer peligrar la vida). Ha sido el primer acto oficial en el que he asistido con mi nuevo look, me adorné como un árbol de Navidad porque notaba que me faltaba algo. Fuera tonterías, una melena larga sirve para todo, para ocultar orejas y no tener que ponerte pendientes, para jugar con él cuando la conversación con un interlocutor te aburre, y para taparte los hombros cuando hace frío.

Pero vamos al lío:

¿Que por que voy de negro? ¿Que por que voy de luto?

A ver,  ¿es que nadie ha pensado en el desamor? ¿En los infortunios de los solteros? ¿En los amores de una noche? ¿En los te he visto, te pinché y no me acuerdo? ¿En enamorarte en cada esquina y en desenamorarte cuando el viento sopla en otro sentido?

Salir de fiesta y dar bofetones a los que te tocan el culo (que por desgracia nunca son guapos), encontrarte a tu ex de la semana pasada hablando con una foca y entrarte unas ganas locas de ahogarlo con tus manos. Que tus amigas te presenten a los amigos de sus novios (los guapos ya están cazados), que te lleguen whatsapps del que no te acordaste de darle el número falso. De pensar “este merece la pena”! y cambiar de opinión a la segunda cita. De sentirte tronista de Mujeres Hombres y Viceversa ofreciéndoles la posibilidad a buenorros ser tus pretendientes.

Adiós a todo esto.

Cuando se celebra una boda mueren estos pedazos de locura.
Y yo, que soy parte de estos cachitos y que los respeto profundamente, guardo un minuto de silencio para ellos y visto de dama negra en las bodas.
Muere la soltería, vive el amor entre dos personas y no solo existe el amor hacia uno mismo.

Ya no serás tú y tus locuras, serán vuestras locuras, siempre con los mismos personajes, él o ella siempre tendrán el mismo nombre, la misma cara, la misma sonrisa y con eso te bastará, será tu todo y no hará falta llenar tu nada.

¿Ahora entendéis porque los hombres SIEMPRE van de negro a las bodas? Y el baile a las tres de la mañana con la corbata atada en la cabeza en realidad es una danza tribal para avivar a los corazones solteros.

Pensaréis que no me quiero casar. No, no es cierto, quiero casarme, pero no una vez, sino TRES.
Los votos que juré como soltera no los podré romper con una sola boda, necesitaré un par más. Si te pasas al otro lado tienes que hacerlo pisando fuerte, por todo lo alto.

Pero a veces pienso que tengo que empezar a hacer casting, si cuesta encontrar un marido no quiero ni imaginarlo como será encontrar a tres.

(Los interesados pueden mandarme un inbox, gracias)

Pero al verlos bailar el vals cambié de opinión por unos segundos.
Veo como se miran, como se susurran al oído, como desaparecen para ellos todas las personas que estamos a su alrededor. No existe nada más que ellos dos. No necesitan nada más. El vestido de novia va rozando el suelo produciendo una mágica melodía y casi imperceptiblemente los dos empiezan a ascender, ya no tocan el suelo…

El hechizo se rompe cuando algunos irrumpen en su cuento bailando el vals torpemente. Ellos se separan y bailan con los invitados, pero siguen mirándose el uno al otro como si nada los separara.

Por momentos así, por el amor, por la vida digo:
Que vivan los novios, que sean felices y que siempre tengan excusas para brindar.

 

“Que todas las noches sean noches de bodas
Que todas las lunas sean lunas de miel”  

Don Joaquín Sabina.

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