No sin mi pamela

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Cada verano es distinto. Unos fantásticos, otros ambiguos y otros que van directos a la papelera de reciclaje de mi escritorio.
Este ha sido raro, pero no malo. Digo raro porque estoy muy baja de defensas, tengo que entrar en discotecas con mascarillas anti gérmenes, no comparto cubatas (bueno, quizás esto es bueno), voy con pelo estilo garçon o sofocada con la peluca y en la playa huyo del sol.
Resulta que las normas son las siguientes: ¡Hola quimio! ¡Adiós sol!
Te dicen esto en verano y que piensas? Palabrota considerable + me quedo sin verano a no ser que me vaya a Alaska, o palabrota considerable + solo saldré por la noche para tomar la luna… ¡ERROR!
He ido a Formentera y a la Costa Brava. Sol a borbotones. Bueno, en la Costa Brava ha sido un verano un poco nublado… Mi querido astro se enteró que yo no podría tomarlo y se dejó tapar por nubarrones… Claaaaro, claaaaaro.
Mis mejores amigos han sido: las pamelas (mas grandes que las que llevan en las carreras de Ascot) vaporosas camisas de manga larga, protección total para poder conservar mi precioso tono de piel Casper y los más importante: una sombrilla hortera.

No iba de incógnito precisamente. Han habido miradas en las playas que he traducido como: ¿que hace esta flipada con la pamela en medio de la playa de Sant Antoni de Calonge? También cabía la posibilidad de que alguien me pidiera autógrafos pensando que era Ana Obregón, pero no fue así, y mira que yo ya tenia la frase preparada: “Disculpen estoy pasando las vacaciones tranquilamente con mis amigas les pido muy amablemente que me respeten, el posado lo haré esta tarde por eso, gracias.”

Me bañaba en el mar envuelta en un pareo cutre, las simpáticas de mis amigas me tapaban la cabeza con el pareo y se santiguaban delante de la Virgen Maria. Muy majas.

Me untaba de la cabeza a los pies con autobronceador para intentar disimular mi blanco nuclear. Era muy divertido ir dejando un rastro marrón en las sábanas blancas…como dice la canción….
Según como se mirara entre la pamela, el trikini y las gafas de sol también podría estar buscando marido con yate. Ya iba con el atuendo. No, no hubo suerte.

Siempre llevo trikini o bikinis de braguita alta para cubrir cicatrices a las que NUNCA puede darles el sol. Así que me estreso mucho para lograr mis outfits de verano, no son tan sencillos para las chicas con crohn, cicatrices y quimio, que para las otras. Pero con mucha paciencia todo se consigue… Demos gracias a los diseñadores que les ha dado por poner de moda los trikinis y las bragas faja…

Pero a pesar de tener que huir del sol no he huido del verano… En absoluto… ¿Y verano son solo tres meses al año? Mentira. Hay quien vive en un eterno verano y otros que siempre están soñando con él y nunca consiguen tocarlo ni con las puntas de los dedos.

Y detrás de cada prohibición hay un reto excitante. No me saltaré las normas, no, pero las disfrazaré a mi antojo. En este caso con pamelas gigantes y pañuelos de colores.

 

“Me gusta proclamar que he venido a este mundo a pasar el verano.”

Xavier Regàs

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